domingo, 7 de diciembre de 2008

El amigo de Chicho y los retazos de la historia.






Dedicatoria





Este post tiene musas que lo inspiran: Bel (http://amapolasenoctubre.blogspot.com/ ) por movilizarme con sus delicados, sensibles y maravillosos post, entre otras cosas, a rescatar recuerdos polvorientos, y a Marisa (http://sonetosdelamoroscuro.blogspot.com/ ) por todas sus palabras, pero especialmente por lo que nos regaló en http://www.enredandopalabras.es/swf/Dibujando_la_memoria.htm .






Queridas amigas, la memoria no muere, deja hijos detrás de los tiempos y los océanos. La memoria teje historias, para volverse propia aunque haya nacido ajena. La memoria no muere, sólo duerme la siesta, y de pronto se despierta en otro lado...









El amigo de Chicho



Por desgracia, algunos detalles de la historia se me escapan, no sé exactamente la fecha, pero papá la contaba una y otra vez con su insuperable gracia histriónica. La historia incluía el acento y el timbre de voz del personaje, elementos irrecuperables en la escritura, pero quizás nuestra memoria nos permita imaginar a papá (V. http://goliardicayapolinea.blogspot.com/2008/05/gianni-ii-la-ventana-mgica.html y http://goliardicayapolinea.blogspot.com/2008/04/gianni.html ) y al personaje imitado, porque, afortunadamente, ambos fueron reales y recordables. La cuestión es que una noche cualquiera, probablemente, de los años '60, papá terminaba una función de teatro de viernes, en el Teatro Municipal General San Martín. Uno de sus compañeros era Chicho Ibáñez Serrador, y como papá solía ser uno de los primeros en abandonar el camarín y esa noche había partida nocturna de pocker en lo de Chicho, el anfitrión pidió a papá que se dirigiera al hall central del teatro para ver si se encontraba con un amigo suyo que estaría allí esperándolo. Resulta que el hombre era algo despitado, y Chicho temía que se desencontraran. Se lo describió ligeramente: un hombre de baja estatura, de melena ondeada, maduro, con una voz algo chillona, era español. Papá salió a cumplir con el recado, y no tardó en encontrar al particular personaje. Creyó identificarlo y le preguntó:


-¿Usted tiene que encontrarse con el Sr. Ibáñez Serrador?
-Sï -contestó el personaje de baja estatura, voz chillona y melena ondeada- ¿Cómo lo sabe Usted?- agregó con clarísimo acento hispánico.
-Porque lo han descripto muy bien. Narciso llega enseguida. Yo le haré compañía mientras tanto, ya que vamos todos juntos.
-Bien-dijo el hombrecillo, y permanecieron un rato hablando trivialidades.


Papá lo observaba intrigado, con su mirada burlona y caricaturesca de actor. Lo estudió: un verdadero personaje para imitar, sus gestos enégicos, su voz, su forma de mover las manos, su mirada despistada ¿De dónde habría sacado Chicho a este personaje? ¿Participaría en la partida? Parecía un pichón para pelar, o probablemente fuera un halcón, disfrazado de paloma. Pero en verdad, parecía estar todo el tiempo medio perdido, desorientado. Definitivamente, no parecía un jugador de pocker. Torpeza la de papá, no se presentó, hasta que vino Chicho, al poco rato, y lo hizo:


-Veo que Gianni, ya te localizó. Mi compañero es Gianni Lunadei; Gianni, te presento a mi gran amigo Rafael Alberti que hoy nos va a honrar con su presencia.


Papá, que no era lento para responder, se sintió muy estúpido, midiendo burlonamente a uno de sus poetas españoles más venerados. Renegaba del cholulismo al que nunca soportó, pero se sintió un simple fanático, por un momento, y no supo qué decir. Respondió simplemente, con asombro de niño:


-¿El poeta?
-Claro, hombre, el poeta -lo despertó Chicho-.

Papá se derrumbó, desde ser el agudo y sarcástico dueño de la situación al conmovido artista transido por la admiración:

-Se equivocó la paloma-dijo papá haciendo alarde de poca originalidad-. Esta vez la paloma equivocada fui yo, ¡Maestro! - Dijo sencillamente, mientras le tomaba la mano y se inclinaba ante él, bajo la mirada algo sorprendida de Alberti.
-¿Es que Usted conoce lo que yo escribo? -Contestó el despistado.

Alberti pasó la noche en la partida, pero no jugó, ni siquiera sabía hacerlo. Papá se ofreció gustoso a tratar de explicarle, pero parece que el poeta no entendía mucho, y sobre todo, que no era muy bueno en no demostrar sus emociones con el juego que tenía. Pero sí en cambio sirvió muy buenos tragos, preparó algunos bocados, y habló hasta el amanecer de poetas, de la vida, de su vida, de España. Obviamente, no sé cuál fue el resultado de la partida, y si ésta fue muy larga, lo cierto es que fue, sin lugar a dudas, la partida de pocker más largamente recordada por papá.




Los retazos de la historia








Hace algunos años, a fines de 1996, me encontraba cursando un seminario de la cátedra de Literatura Española Medieval de la Universidad de Buenos Aires, a cargo del querido profesor Leonardo Funes. Fue una época un tanto contradictoria de mi vida: me había quedado sin trabajo en un muy mal momento, y aprovechando un seguro de desempleo y una indemnización en cuotas, había tomado la quijotesca decisión de dedicarme de lleno a estudiar, y ver si la posibilidad de adelantar el cursado de materias me podía abrir alguna perspectiva laboral. Fue algo así como un año sabático, pero laboral, digamos, una especie de beca auto-financiada por mi propia y preocupante situación. Quizás porque me gusta ir a contramano de la adversidad, a pesar de tener una familia a cargo, decidí no desesperar y apostar a lo incierto: el conocimiento como forma de vida. La cosa anduvo durante medio año, luego comencé a hacer trabajos dentro de la facultad para el centro de estudiantes otro medio año (pasaba por escrito las clases que grababa), combinando con mi seguro de desempleo. Pero el año se acababa, también las clases y con ellas las "desgrabaciones" y el seguro de desempleo. Mal momento para buscar trabajo en un país con crisis de empleo. El problema era, sobre todo, enero, ya que seguramente en febrero tendría algún alumno particular. Y la soga salvadora llegó a comienzos de diciembre, de la mano del entonces profesor (hoy Doctor) Funes, quien me hizo el ofrecimiento. La cátedra entera estaba integrada por investigadores del Seminario de Edición y Crítica Textual (Secrit), un reducto de insignes hispanistas enclavado en este lejano Cono Sur. El director era el Doctor Germán Orduna, quien finalmente había obtenido fondos desde España para hacer un trabajo largamente esperado: fichar los libros de la biblioteca del Secrit ¿Por qué la Embajada de España había intervenido en la cuestión? En principio, porque el Secrit funcionaba en una pequeña dependencia lateral del Palacio Pizzurno (sede del Ministerio de Educación), en donde también funcionaba la Biblioteca de Estudios Históricos Claudio Sánchez Albornoz, a cargo del Secrit. Esta biblioteca había sido la bilioteca personal de don Claudio, uno de los más importantes historiadores españoles del siglo XX, autor, entre otras importantes obras, de Orígenes de la nación española. Estudios críticos sobre la Historia del reino de Asturias. Existía un temor muy bien fundado de que se disgregara la biblioteca personal de esta figura fundamental de la España del siglo XX: diputado por Ávila entre 1931 y 1936, Ministro de Estado en 1933, Vicepresidente de las Cortes en 1936, Consejero de Instrucción Pública entre 1931 y 1933, y Embajador de España en Lisboa; desde 1959 hasta 1971 fue presidente del Gobierno de la República Española desde el exilio en Argentina.


La biblioteca de don Claudio estaba, en la práctica, fusionada con la del Secrit, aunque los libros estaban diferenciados en su ubicación. Esto no le hubiera molestado, seguramente, a don Claudio, ya que sus libros convivían con exquisitos ejemplares de literatura medieval española, y estaban (están) en las mejores manos posibles. El riesgo era no tener un registro, con el peligro que ello podía significar para poder llevar un control. Por lo tanto, el trabajo que me ofrecían era el de fichador de todos los libros de la biblioteca, entre ellos los de don Claudio. Se me pagaba por ficha, por lo cual la labor era una especie de tortura: daba lo mismo si tardaba seis meses o dos días, pero el hecho de ser varios, y la necesidad de hacer rendidor el trabajo, invitaba a la rapidez, lo cual impedía siquiera hojear los libros. Afortunadamente mis compañeros de trabajo fueron formidables, como a todos nos pasaba lo mismo, no tardamos en llegar a un acuerdo socialista: ninguno superaría un número determinado de fichas diarias, así el trabajo duraba más tiempo, y podíamos hacerlo tranquilos, hojeando con placer cada libro que pasaba por nuestras manos.








Trabajábamos en el silencio de las mañanas de enero, refrigerados por un plácido aire acondicionado, en un ámbito oscuro y silencioso, nido de verdaderas ratas de biblioteca. El técnico de la biblioteca, Juan Héctor Fuentes (compañero de facultad) ambientaba el clima de trabajo con música medieval que nos transportaba, hasta que decidíamos cambiar de clima y el Rock profanaba el ambiente, o quizás algún Mahler, o Beethoven, o Murga Uruguaya, o porque no, un tango. De pronto alguno llamaba a otro, fascinado por un hallazgo:

-¡Vení, mirá este libro!


Y todos detenían su trabajo para contemplar el tesoro. Por las tardes llegaba el Doctor Orduna, el director, y el trabajo se volvía más ordenado y silencioso. De todos modos, interrumpíamos igualmente la tarea para hacer consultas con el Doctor sobre cómo clasificar a algún libro. Fueron casi dos meses, aunque parezca mentira, inolvidables, que aún evoco con gran añoranza en la memoria. Lo cierto es que una tarde en que estaba presente el Doctor Orduna, abrí un libro y se deslizaron unas pequeñas hojas de papel de entre dos páginas del volumen. Las leí: eran notas de puño y letra de don Claudio, intercaladas entre las páginas, haciendo referencia a ellas, eran sus comentarios sobre los libros, sobre las fuentes, que iba estudiando para sus obras. En ellas puede ir ratreándose, quizás, la génesis de la obra del gran historiador, escrita en el exilio. Eran notas escritas para él mismo, en las que, de puño y letra discutía, observaba, recordaba, apuntaba. El libro estaba lleno, y el conjunto de esas pequeñas hojas constituye una obra manuscrita inédita aún hoy. El hallazgo me llenó de emoción, por una vez sentí algo que en estas tierras jóvenes es bastante improbable: la posibilidad de encontrar, accidentalmente aunque sea, una reliquia filológica. Entonces corrí a consultar al filólogo cercano, el propio Doctor Orduna, quien al ver lo que yo le mostraba reforzó mi emoción: al frío filólogo formado en el rigor alemán se le llenaron los ojos de lágrimas, se exaltó y observó maravillado el hallazgo, leyando con atención las notas que todavía dialogaban con los libros leídos.


-¿Qué hacemos, Doctor?
-Sepárelas y tome nota, hay que archivarlas aparte para preservarlas. Es una verdadera pena sacarlas del lugar donde esperaron tantos años una lectura, pero le voy a pedir, si no es molestia, que apunte entre qué paginas se encontraban las notas. Será un trabajo para completar en el futuro.
Desde ya, no fue molestia, y rescatamos un verdadero archivo aún inédito de las notas de puño y letra de don Claudio. Hoy el Doctor Orduna, a quien también mi memoria homenajea, ya no está, pero sé que esas notas gozan de buena salud, bien guardadas en alguna caja de archivo, clasificadas por aquél filologo incomparable, de los que ya no hay por estas tierras. Esa notas persisten obstinadamente como retazos de la memoria en el Secrit que el mismo Orduna había fundado, con sede en la Biblioteca de aquél otro hombre, a quien todavía lo sobrevive su memoria, anotada en unas pequeñas hojitas ahora amarillentas, esperando a nuevos investigadores para que den a la luz esa obra inédita de uno de sus más grandes historiadores, don Claudio Sánchez Albornoz, quien siguió trabajando para la memoria de su patria durante tantos años difíciles, tan lejos de ella, en esta patria donde formó discípulos que hoy también continúan la labor del maestro.

Porque si bien es cierto que siempre hay quienes trabajan para el olvido, la memoria siempre persiste, aunque sea en retazos deshilachados, sólo hay que tener la decisión de reconstruirla. Y hay muchos duendes por allí que trabajan para ello. Para esos duendes como Marisa o como Bel, el mayor de mis reconocimientos. La memoria persiste dispersa, hasta que a veces el azar, otras veces la voluntad o la necesidad, hacen que el destino junte las piezas que tenía que juntar para armar ese rompecabezas al que llamamos verdad.



23 comentarios:

Roberto Esmoris Lara dijo...

Alejandro, por una suerte de sentido común le rajo a las autobiografías, pero lo de Albertí me emocionó porque tambien llegué a conversar con él en una mesa de clásico café de Santa fé y Pueyrredón. (Él y su hija vivián cerca y yo me rateaba del Nacional Belgrano, de la calle Ecuador entre Paraguay y Mansilla)
No me pareció un tipo extraño (muy de Cádiz, el hombre), pero nos permitía, a irreverentes como yo, hablarle de igual a igual y hasta parecía poner atención a lo que decíamos. ¿De qué?...de política, de la guerra civil española, del
5º regimiento y otras hazañas de lucha.
(Me regaló y perdí su libro "Buenos Aires en tinta china", que acababa de editar y hasta me lo firmó con una letra grande y abierta)
Lo que hubiese dado por compartir con él, ya de grande, una velada como la que contas, sin póquer, claro.
TE DEJO UN ABRAZO, MUY GRANDE, MUY AFECTUOSO Y MUY EMOCIONADO.
(lo digo bien alto, por decisión del teclado, que siempre me interpreta)

Abrazón
del tiovivo
REL

Goliardo dijo...

Tío querido, la vida sigue doblándose como un pañuelo, y en sus pliegues nos seguimos encontrando. No sabía que habíaS ido al Colegio Nacional Belgrano, en Ecuador entre Paraguay y Mansilla, adonde yo cursé, años después, en 1982, pero a la noche (en ese turno se llamaba "Revolución de mayo"). Yo también me rateaba, pero por desgracia, no para ir a ver a Alberti. Y claro, a mí también me hubiera gustado compartir esa velada de charla y evocaciones de luchas y poesía. Alberti, indudablemente, no fue sólo un poeta, sino que además, fue un pedazo de la historia del siglo XX y un testigo privilegiado de una de las generaciones más brillantes que dio España al mundo. Y de entre todos los nombre que podrían cruzarse con don Rafael, me llena de orgullo que tanto tu nombre como el de mi papá se hayan cruzado por su vida. Lo que más me importaba era recuperar el recuerdo que a mí me llegó de él a través de ese otro viejo amigo tuyo, MI inolvidable viejo. Gracias, entonces, por la evocación, por la sangre heredada, por la poesía inevitable. GRACIAS, TIOVIVO, POR SER ÚNICO E IRREPETIBLE, COMO ESTAS HISTORIAS (MI TECLADO TAMBIÉN ME INTERPRETA).
Un abrazo colosal, con ruidosas palmadas en la espalda.

Gogui-Alejandro-Goliardo (todos juntos).

marisa dijo...

Querido Alejandro, no tengo palabras. La palabra gracias se queda muy pequeña en el pequeño espacio de mi pequeño corazón... "gracias a la vida que me ha dado tanto..." y me ha enseñado el camino que lleva a gente cmo tú.
¿Puedo hacer un enlace en enredandopalabras? Un abrazo desde el corazón herido de esta nieta de vencidos que te aprecia de verdad.

Bel dijo...

Queridísimo Goliardo:
Permíteme que te haga, antes de que la emoción vuelva, un frío comentario crítico: tienes una capacidad asombrosa para narrar, para hacer vivir la historia a quien te lee, para dibujar situaciones con agilidad y precisión. ¿No se dedica el caballero también a la narrativa?
Y ahora, como Marisa, la palabra gracias no es suficiente. Me has traído imágenes y recuerdos medio vividos, medio fantaseados, medio soñados en mis años de silencio. Gracias, gracias, gracias, por estas preciosas historias, por tu forma de narrarlas emocionada, justa y precisa, por darme el regalo no sólo de la memoria de tu padre y de la tuya propia, sino
también de la de Marisa, por ser como eres, por encontrarme no sé cómo. Bendito invento éste.
Otro día te contaré cómo me presentaron a la sobrina de Lorca y el impacto que me produjo tocar su mano. Como tu padre, no soy precisamente mitómana, pero en aquel caso, sentirme tan cerca y mirar aquellos ojos como los de su tío, exactamente igual de oscuros y brillantes, me conmovió.
Un grandísimo abrazo, Alejandro (si los nombres significan algo, el tuyo es más que adecuado).

April dijo...

Me da la sensacion de que le encanta conmover a la gente, y podria vivir bien de ello, aunque fuera solo accidentalmente, no?
Tiene relatos para toda ocasión, suyos y de otros pero siempre sabe narrarlos espectacularmente. No importa que sean palabras escritas y que con ellas quizas no lleguemos a especular toda la situación, porque creo que, quien lo haya visto alguna vez narrando algo, podrá viajar a traves de su imagen a cualquier historia. Como cuando nos contaba de la profesora Alemana de Literatura medieval. O la Afrodita-Salazar (por nombrar episodios comicos).
La memoria es rara, deberia decir, hace lo que se le da la gana la mayoria del tiempo, a veces nos juega malas pasadas. Quizas de repente te acordaste de algo que no te querias acordar, o quizas cuando queres acordarte de algun nombre se resigna a salir. Es asi, la memoria es juguetona.Pero si, probablemente los impulsos adecuados la incentiven, como cortejarla.

Goliardo dijo...

Queridísimas Marisa y Bel:

Ahora el que se queda sin palabras soy yo. No sé bien cómo llegué a ustedes, pero por ustedes me quedé en cada una de sus casas. Tampoco sé muy bien como vinieron las asociaciones que me llevaron a recuperar estas historias, en especial El amigo de Chicho, más lejana en el recuerdo. Lo cierto es que también en este medio, como en la vida "palpable", las personas se van encontrando en sus sentimientos compartidos. En mi familia hubo historias terribles de la Segunda Guerra Mundial, en Italia (por el lado de mi padre, como cuento en el blog). Mi parte española, por parte de bisabuelos maternos, no vivió la Guerra Civil. Y sin embargo, es un tema que siempre me conmovió, habiéndome llegado por vía netamente poética. Mis padres y abuelos escuchaban a Serrat, y ese fue mi primer contacto, en la más tierna infancia, con la poesía de aquellos años terribles, escuchando las letras de Machado. Después vendría Hernández, y me aprendería en la adolescencia una por una esas maravillosas canciones, y me volcaría a buscar, entre los libros de mis padres, a aquellos formidables poetas. Y más tarde vendría el amor por Buñuel (bendita Buenos Aires y sus viejas salas de reposición), encontrar los mágicos vínculos, y la guerra hiriendo, destrozando esos brotes de genialidad, esa primavera floreciente que iluminó a España en aquellos años ¿Cómo no amar todo aquello? ¿Cómo no sufrir en el alma el dolor que sobrevino, aunque uno no lo haya vivido en carne propia, ni a través de la sangre? ¿Pero cómo no vincularlo al dolor de los abuelos? Y luego, también a mi Argentina le tocó ese horror, un horror clandestino, pero que un día comenzó a gritar desde lo más hondo del silencio de aquellos años oscuros. Y también es el horror el que a veces nos hermana.


Marisa:

Me conmovió profundamente tu trabajo en Dibujando la memoria. Es formidable que esas emociones tan personales, tan propias de una herencia familiar particular, puedan ser tan universales. Anida en nuestro corazón la ternura y la nobleza que te motivó, la memoria de tu abuela, como dirías tú, te toca llevar esa antorcha, pero es hermoso que lo hagas con tanto amor, y trabajes con tanto compromiso por esa memoria. DESDE YA, SERÍA UN ALTÍSIMO HONOR QUE ME VINCULES. Y desde ya, enmendaré la imperdonable omisión de que enredadndopalabras no esté en mi lista de vínculos, sencillamente porque me conmueve también tu prosa, a la que le debo unos cuantos comentarios.


Bel: Has entrado en mi alma desde el primer encuentro. Dusfruto de las imágenes que regalas, y esta semana me estoy desocupando e iré tras los pasos de Clarice. Dicen que una biblioteca se va formando de más libros ajenos que propios (tomémoslo metafóricamente), así que me dispongo a "pedirte prestados" algunos. Ha sido también hermoso encontrarse en tu casa con esa poesía amada y con el mismo sentimiento que nos llevó a todo esto. También te agradezco especialmente, todo lo que dices respecto de la narrativa, y por descubrir ese placer que me da desarrollarla. La primera vez que visitaste esta casa, me dejaste un comentario-análisis de una frase que yo había puesto en mi perfil ("Quiero ser escritor ¿lo estoy haciendo?") que me llegó profundamente al corazón, porque supiste interpretar en un todo su significado, como si me conocieras de toda la vida.

En fin, creo que hay motivos para sentirse felices y reconfortados por el buen uso que le estamos dando a este tiempo y a este medio. Compartir todo esto con ustedes ha sido un verdadero placer, algo así como un "asado criollo", regado por exquisitos vinos de Mendoza, y ante todo, hablando de poesía, de la historia y de la vida hasta el amanecer ¡Brindo por los próximos asados compartidos, los virtuales, y por qué no, los de verdad!

Abrazos desde el alma, y también felicidad porque se hayan conocido.


Goliardo Alejandro, desde las brasas y el humo del asado, que van de ofrenda a los dioses del Olimpo.

Goliardo dijo...

Querida April: Usted no me podía faltar en esta hermosa celebración. No le ofrezco vino mendocino porque es menor, aunque no lo parece cuando habla de literatura (Ud ya sabe por qué la trato de Ud). Agradezco con total sinceridad y emoción lo que Ud dice respecto de mis narraciones orales, creeme (en nuestro trato de Ud, con los amigos, se nos cuela siempre el voseo) que lo disfruto mucho, digamos que lo hago a propósito, conciente de que puedo captar la atención, y si lo logro, es decir, si tengo buen público, lo disfruto enormemente, y es una de las cosas que más me gusta de este trabajo. Y también el aula, querida April, resulta un hermoso lugar en donde encontrarse. Insisto que son las sensibilidades las que se encuentran, sea como y donde sea.
Es cierto que la memoria es juguetona, pero en el caso de la memoria histórica, es difícil de hacerla callar tan así como así, sobre todo cuando el dolor la mantiene viva.
Gracias, joven e inconsciente discípula y compañera de "aventuras" por acercarte una vez más a compartir estas letras con esta gente tan interesante, que nos regala tan buenos momentos.
Felices vacaciones y que sigan los encuentros en estas tierras de letras y de arte. Un abrazo siempre agradecido.

Alicia M dijo...

Giliardítico hijo, es un placer el recuerdo de lo que , no por conocido, es menos importante. Como dicen tus lectoras, tenés una enorme capacidad de redaccion narrativa y que se siente como una conversación. Rememoro los tiempos en que me lo contabas emocionado y la "actuación" de tu padre en el relato de Alberti. Gracias por hacerme revivir estas cosas...y con ese estilo. Me ilusiona pensar que algo de mi, está en vos y que entonces un poquito de tu genialidad, me pertenece. Te quiero un montón y repetirlo, no me cansa. Besos y abrazos.

media luna dijo...

Estimado Goliardo. Tu narración es propia de un auténtico relato. Lo que más me emociona es que sea o al menos parezca una historia real. Una historia con una decisión valiente desde el principio que nos conduce a un final que va más allá del protagonista. Un final que anticipa la memoria de Marisa (y Bel, a la que no tengo el placer de conocer). Un engranaje perfecto de la memoría histórica que algunos no comprenden su importancia, y prefieren ignorarla. Me alegro de haber podido leer una declaración, una exposición tan exquisita del trabajo que hicistéis en pos de que el rompecabezas encaje.
Gracias por la parte que me toca como ciudadana del mundo por esta gran entrada.
Un abrazo.

media luna dijo...

Alejandro: No había leído la primera parte de tu entrada "El amigo de Chicho". No me extraña que tu padre recordara por mucho tiempo ese encuentro. Desde luego es siempre un honor poder conocer a gente como Alberti. Darle la mano, ser poco original en su presentación...recordar la paloma. Igualmente para mi es un honor poder leer a gente como tú.
Un saludo.

Goliardo dijo...

Madre del alma y de todas las cosas, claro que tenés mucho que ver en lo que yo pudiera ser. Algún día contaré cómo me incentivabas la imaginación cuando me cortabas el pelo (y jugábamos a la peluquería)y me dabas charla para que yo inventara historias. Siempre alimentaste mi imaginación, regaste de libros y relatos mi infancia, y fuiste el amor de la vida de aquel hombre que recibió al amigo de Chicho ¿Te parece poco? Un abrazo de toda la vida para vos, hermosa entre las hermosas, madre querida e irrepetible.

Goliardo dijo...

Gracias, querida Carmen, para mí también es un honor leerte y recibirte en esta casa. Ambas historias son ciertas y tienen la emoción del descubrimiento. Me alegro de que te lleguen al corazón ya que es muy hermoso esto de ser "ciudadano del mundo", en un planeta donde todavía alguna gente se mata por diferencias estúpidas. Creo que vivencias como éstas no tienen banderas, y nos acercan más allá de las fronteras. Un abrazo internacional, querida amiga, hermana de sentimientos y de tantas otras cosas. Gracias por seguir pasando siempre y regalarme ese honor.

flora flora dijo...

No sabía que conocías a Gustavo!. Al menos para mi es un profesor con todas las letras, es mas, me animo a decirte que este año fue como un amigo. Seguramente es del que mas me va a costar despedirme!. Un tipazo y ENCIMA le gusta la banda de Yorke y los Strokes, genial.
Cambiando de tema: vos decís que me guardás un lugar para las entradas? mirá que seguramente van a estar saladitas eh!. Veremos cómo andan mis ahorros para marzo(creo que vienen por ahí)

Un abrazo Goliardo, espero que el finde largo te haya tratado bien.

marisa dijo...

Alejandro, sigue el "hilo de los afectos" que me condujo a ti. Un abrazo

©Claudia Isabel dijo...

Ambas historias son increibles...
cuantas personas tuvieron la dicha de cruzarse con Alberti?
Me imagino toda la escena, gianni esperando al misterioso español y luego su cara al saber de quien se trataba!
El segundo relato también increible, como hallar un tesoro...en realidad fue un tesoro!

Gracias Goliardo por deleitarnos con estas maravillosas historias.
Un abrazo

Goliardo dijo...

Gracias Marisa por seguir tejiendo este hilo de los afectos. Lo he seguido con emoción. Un gran abrazo.

Goliardo dijo...

Querida Claudia, así fue, tal cual. Papá en su anécdota hacía hincapié en su sorpresa, en haber estado un buen rato con Alberti sin reconocerlo, pensando quién sería ese personaje. En cuanto a la otra historia, efectivamente, fue encontrar un tesoro, más modesto que otros, pero tesoro al fin: esa vieja magia del "puño y letra". Muchas gracias por compartir estas pequeñas historias hijas de la Historia con mayúsculas. Te mando otro abrazo cargado de metáforas.

charlotte dijo...

Goliardos: cómo arrancar este comentario? aaaaaaaa .... que bella anécdota, que bella!, casi salto desde el sillón hasta los ladrillos rojos que pintan mi pared... (si, si la emoción aveces puede ser poco saludable)
me llevaste a esa noche con las primeras palabras y no pude hacer otra cosa más que vivirla...
Gracias goliardos, que buena copa de vino me tomé con vos...
besos grandes, sin que asfixien!

April dijo...

Si, supongo que conmover a la gente es un acto fallido de su faceta de actor, no?
Le quise ir a ver al Modelo, pero no me dejaron pasar por no tener que rendir nada, que ironica es la vida.
Se me había olvidado comentar: que psicodelico que se ve en esa foto! es otra cosa, otra persona.

charlotte dijo...

Hermano Goliardo, me sente en este camino, me tome unos frascos tragos... y aquí me quedo, pero no sin antes decirte en este intermezzo que nos dan tus letras, que te deje un regalo en uno de mis blog, (para no hacerme la misteriosa en residuos, digo y sigo fumando, con ese aire... jajjaja)pasa a retirarlo al costado derecho, abrazo!

charlotte dijo...

Fe de erratas: donde dice "frasco", leer por favor "fresco".
que si que eran frescos esos tragos y no venian en frascos, más bien en copas, en fin...

abbas cucaniensis dijo...

Ahora, lo bien que estuvo Chicho en no decirle a tu viejo el nombre del amigo, después de describírselo tan escueta y acertadamente! Si entiendo bien, el héroe de la anécdota es Narciso Ibanez Serrador, sí seor!
El asombro de Alberti tiene que ver, creo, con una costumbre muy hispánica: los gaitas no leían nada (o poco) de lo que viene de arafue; ergo, creen que nadie, salvo los conocidos, los lee a ellos. Y esto ha de haber sido, claro, antes de Serrat, a comienzos de los 60 (después Alberti se fue a vivir a Roma).
Y si de ellos hablamos, muy de gallego la dedicatoria que D. Claudio Sánchez Albornoz le puso a su libro "Espana, un enigma histórica". Dice así: "A la República Argentina, para mí segunda Espana".
Lindo recuerdo de D. Germán y otras figuras que solían poblar nuestro universo mínimo y pretérito.
Salut!

Annie εїз dijo...

Bueno, voy a dejar mi huella entonces...

En una de mis tantas visitas a la casa de la familia Healy, digo...Lunadei, escuché varias veces comentarios de tu Blog y hoy me puse a buscarlo...

Y aca estoy leyendo esas lindas historias que tenés para contar, y lo voy a seguir haciendo...

Saludos papa Ale

Anita